El impacto de la recesión y la caída del empleo en Tierra del Fuego ha superado los límites de las estadísticas sectoriales para instalarse como una problemática directa en la vida cotidiana de las familias de Ushuaia y Río Grande. Relevamientos del mercado de trabajo en ambas ciudades confirman que, entre la población que actualmente se encuentra en situación de desocupación, creció de forma alarmante la proporción de trabajadores cuyo último empleo pertenecía al sector industrial manufacturero.
La estructura económica fueguina mantiene una estrecha dependencia con la actividad de sus fábricas electrónicas y textiles. Al interrumpirse o recortarse las líneas de producción y las contrataciones en este rubro, la inyección de recursos hacia la comunidad se reduce dramáticamente. La pérdida sostenida de miles de salarios industriales debilita el poder adquisitivo general y genera una inminente amenaza de efecto dominó sobre el comercio minorista, las empresas de servicios y el consumo interno.
En este contexto, analistas y representantes del sector productivo señalan que, si no se aplican medidas para contener el derrumbe fabril, la menor masa salarial circulante terminará por profundizar el cierre de comercios de cercanía y la pérdida de empleos en actividades secundarias. La provincia se encuentra en un punto de inflexión donde el retroceso de su industria insignia pone en jaque la sustentabilidad de todo el entramado económico provincial.