La contingencia climática en el norte de la provincia ha sobrepasado la capacidad de contención de los servicios públicos esenciales. En diversos puntos de Río Grande, la emergencia no es solo una baja de presión en las canillas, sino la ausencia total de agua y gas natural en los hogares, obligando a los ciudadanos a apelar a métodos precarios para calefaccionarse y derretir nieve para contar con el elemento vital en medio de la ola polar.
Desde el Gabinete Municipal, el director general de Obras Sanitarias, Alberto Ibarra, intentó llevar claridad sobre el comportamiento del sistema hídrico, argumentando que las bajas temperaturas impactan directamente en las instalaciones domiciliarias y que la alta demanda continua afecta la presión general de los tanques de reserva. Si bien las autoridades solicitaron extremar la protección térmica de las cañerías e implementar un consumo medido, en las calles el malestar se incrementa ante la imposibilidad de solucionar el congelamiento de las líneas de gas.
Organizaciones comunitarias y referentes vecinales han señalado que la vulnerabilidad de las redes es el resultado de años de parches ante un crecimiento urbano que no fue acompañado por obras de infraestructura acordes al clima fueguino. Con temperaturas que amenazan con mantenerse en marcas extremas, la comunidad de Río Grande exige que tanto el Municipio como los entes provinciales de energía y gas declaren la emergencia en los servicios para volcar asistencia directa a las familias que hoy no tienen las condiciones mínimas para sobrellevar el invierno en la Patagonia.