La recesión económica nacional ha comenzado a devorarse de forma acelerada la estructura laboral de la Patagonia, registrando cifras alarmantes en el extremo sur del país. El Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) encendió todas las alarmas al confirmar que en los últimos meses se destruyó de forma directa alrededor del 30% de los puestos de trabajo vinculados a la actividad automotriz en toda la extensión de Tierra del Fuego. El escenario, calificado como crítico por la conducción sindical, mantiene en vilo tanto a los cuerpos de delegados como a las cámaras empresarias locales.
La gravedad de la situación fue expuesta por el secretario general de SMATA Santa Cruz y Tierra del Fuego, Marcelo Argüello, quien reveló que la organización gremial se encuentra en una situación de trinchera, llevando adelante negociaciones permanentes y forzadas con firmas locales y concesionarias de vehículos para intentar ponerle un freno de mano a nuevos despidos. “Venimos llevando instancias de diálogo para que no haya un drenaje de trabajadores que se queden sin empleo”, reconoció de forma cruda el dirigente gremial.
De acuerdo con el relevamiento interno del sindicato, el impacto de la crisis no discrimina rubros y se extiende de manera uniforme a todas las ramas de la actividad en las ciudades de Río Grande y Ushuaia. Los indicadores que manejan en las oficinas sindicales reflejan un deterioro generalizado: el derrumbe histórico en las ventas de automóviles cero kilómetro y usados, una preocupante disminución en el consumo de combustibles en los surtidores y una drástica menor demanda de reparaciones mecánicas generales por parte de los usuarios particulares y corporativos.
Frente a esta radiografía del desplome edilicio y comercial del sector, la conducción de SMATA mantiene un cronograma de reuniones de emergencia con el sector patronal para buscar esquemas alternativos que impidan que la sangría de puestos laborales continúe agravándose. Sin embargo, el propio Argüello reconoció las serias dificultades que enfrentan numerosas pymes del sector para cumplir con las obligaciones salariales mes a mes, atrapadas en un contexto de fuerte caída de ingresos que amenaza con forzar cierres definitivos en el corto plazo.