La información generó fuerte malestar por el contexto en el que se produce el viaje. La ciudad atraviesa un momento delicado, con empresas que cierran o reducen su actividad, comercios que no llegan a fin de mes, aumento de la demanda social y cada vez más familias recurriendo a la asistencia alimentaria.
En ese escenario, la imagen de un intendente viajando en primera clase hacia China abre una pregunta inevitable: *¿era necesario hacerlo de esa manera?*
Desde el Municipio se presentó el viaje como parte de una agenda internacional destinada a buscar inversiones, cooperación y nuevas oportunidades para Río Grande. Sin embargo, el contraste entre el discurso de austeridad, la falta de recursos y el costo de un viaje de estas características vuelve a poner en discusión las prioridades de la gestión municipal.
No se cuestiona la necesidad de buscar inversiones ni de abrir vínculos internacionales. Lo que queda bajo la lupa es el modo, el costo y la oportunidad política de un viaje en primera clase en un momento donde la realidad cotidiana de muchos vecinos es cada vez más difícil.
Mientras crece la cantidad de personas que necesitan asistencia, mientras la industria atraviesa un escenario crítico y mientras el propio Municipio expone limitaciones presupuestarias, el viaje de Perez aparece como una señal difícil de explicar.
Río Grande necesita inversiones, pero también necesita sensibilidad, austeridad y respuestas concretas para quienes hoy no llegan a fin de mes.
En plena crisis, el viaje a China puede terminar convertido en un verdadero cuento chino.