El panorama laboral en Tierra del Fuego es cada vez más desolador y la frase que repiten los trabajadores en las plantas ya es una realidad inocultable: las empresas se van, suspenden o achican, y la gestión de Gustavo Melella no hace absolutamente nada para frenarlo. El último y doloroso ejemplo de esta desidia oficial se conoció en las últimas horas en Río Grande, donde la multinacional BGH confirmó que pondrá en marcha un esquema de suspensiones semanales de personal a partir de este lunes 9 de junio, dejando a cientos de familias sumergidas en la incertidumbre y con los ingresos recortados.
La drástica medida de la firma electrónica responde a una realidad que golpea a todo el sector fabril de la isla por igual y que el Gobierno provincial insiste en ignorar: la caída libre de las ventas y la falta total de demanda. Los depósitos de BGH se encuentran completamente sobrestockeados de mercadería que no tiene salida en el mercado local, lo que obligó a la empresa a levantar el pie del acelerador y frenar la producción para evitar pérdidas mayores. Mientras la multinacional explora sola y a las corridas alguna alternativa para exportar a países limítrofes, desde los despachos de la gobernación no se emitió una sola propuesta para cuidar los puestos de trabajo.
La falta de reflejos del Ejecutivo provincial es total. No existe un plan económico local para sentar a las cámaras empresarias y buscar incentivos que frenen el vaciamiento industrial, como tampoco hay una red de contención social para asistir a los operarios que se quedan sin su sustento diario en un contexto donde llenar el changuito ya es un lujo. El inicio de las suspensiones en BGH vuelve a poner de manifiesto el peor defecto de la gestión de Melella: un abandono crónico y una preocupante falta de sensibilidad ante una crisis que sigue devorándose el motor productivo de los fueguinos.