La puesta en escena del debate político argentino es una farsa que se cae a pedazos cuando llega la factura del gas. La media sanción en Diputados para reventar el subsidio a las Zonas Frías expuso la peor cara del gobierno de Javier Milei. Pero la verdadera sorpresa es que en Tierra del Fuego, el gobernador Gustavo Melella ya venía haciendo los deberes para que el golpe nacional doliera el doble.
El modelo es idéntico y el daño es criminal. Mientras el oficialismo nacional celebra los números en el Congreso —132 a favor, 105 en contra, 4 abstenciones— para recortar el beneficio antes de las heladas, el gobierno de Melella ya dejó su huella con un ajuste silencioso pero implacable. El recorte en los cupos de gas licuado de petróleo (GLP) envasado y los filtros de exclusión social implementados en la provincia dejaron en claro que el mandatario provincial comparte el mismo desprecio por la vulnerabilidad social que el presidente.
Es un juego de espejos: Milei se lleva los flashes con la motosierra nacional, pero Melella maneja el bisturí del ajuste local con la misma falta de empatía.
El invierno ya no es solo una estación del año en el sur; ahora es una amenaza económica directa por culpa de este tándem del ajuste. Mientras otras provincias recién empiezan a calcular el impacto de las medidas de la Casa Rosada, los fueguinos ya cargan con el peso de la tijera provincial de Melella.
Ya no engañan a nadie. Milei y Melella terminan siendo lo mismo: dos ajustadores seriales que se retroalimentan. Uno recorta en los papeles, el otro lo aplica en la calle, y en el medio, la gente se queda a la intemperie.