El endeudamiento privado y la pérdida de dinamismo en la captación de inversiones externas fueron los ejes centrales del fuerte llamado de atención que realizó la Cámara de Comercio, Industria y Producción de Río Grande. A través de su presidente, José Luis Iglesias, el sector que genera la mayor cantidad de mano de obra en el comercio formal encendió las alarmas sobre el avance de la morosidad, un indicador sensible que demuestra cómo la crisis ya superó la barrera de las empresas y caló hondo en la economía diaria de las familias de la isla.
De acuerdo al análisis institucional, el incremento de la morosidad comercial y bancaria responde de forma lineal a la pérdida persistente del poder adquisitivo del salario frente a un costo de vida austral indomable. Las familias se ven obligadas a postergar pagos de cuentas o a financiarse mediante herramientas de crédito que terminan por asfixiar su capacidad de consumo posterior, vaciando los locales del centro riograndense y deprimiendo el circuito de cobro de los propios comerciantes, quienes a su vez deben sostener sus estructuras operativas al límite de la rentabilidad.
El informe de coyuntura concluye que el principal enemigo de la reactivación económica provincial es la falta de un horizonte previsible. Para la Cámara, ningún inversor nacional o extranjero arriesgará capitales en una provincia que carece de certidumbres logísticas o que se encuentra empantanada en peleas políticas estériles que no atienden la urgencia productiva. La exigencia de los comerciantes al arco político de Tierra del Fuego se centra en la pacificación y la concertación de leyes y ordenanzas de alivio fiscal que remuevan las trabas burocráticas antes de que el desánimo generalizado se traduzca en bajas definitivas de persianas.